THE DELTA SAINTS - SALA CHANGÓ, MADRID // 23-03-2017


Blues Rock en estado puro, y es que la noche de jueves Madrid tenía ganas de disfrutar del blues desenfadado, potente, con tintes rockeros de THE DELTA SAINTS, que venían presentando su nueva obra titulada “Monte Vista”. En esta ocasión estaban anunciados en solitario y como suele ser habitual no empezó a su hora. La sala Changó era el lugar elegido para otra noche de sonidos atmósferas psicodélicas y fantasmagóricas, explorando las influencias de Led Zeppelin y el propio Jack White, hasta bandas contemporáneas como The Black Keys o King Of Leon.


Y tras una pequeña espera, aparecían los protagonistas THE DELTA SAINTS que se van ubicando en su correspondiente espacio. Liderados por el guitarra/voz Ben Ringel, bien acompañado por Dylan Fitch a la guitarra, Nate Kremer a los teclados, David Supica al bajo y Vincent Williams tras los platos arrancaba una noche de actitud y rock and roll, eso resume perfectamente lo que es esta banda. “Cigarette” y “Bones”, tema homónimo de su anterior álbum editado en 2015 idónea para abrir fuego. Entraron en terrenos más tortuosos con “Berlin” pura esencia Zeppelin con la voz de Ben Ringel susurrante, pasando luego a tonos más altos con la eficaz “Are You?”.


“Pray On”, “Into The Morning” y una excelente versión del “Space Man” de David Bowie armaban una buena fiesta que poco a poco iba creciendo, con la gente bailando desde aquí al final del show. La locura verdadera empezaba a llegar con “Heavy Hammer” y con “Sometimes I Worry”, una sala que coreaba ese estribillo mítico, mientras dos hits como “Two Days” o “Burning Wheel”, desatando de nuevo el sonido más Oasis o Alice In Chains. Sonidos pegadizos como “Sleppin” a base de teclados, la sensual “Dust” o al atacar los pasajes más hipnóticos e intimistas de “A Bird Called Angola” absolutamente genial desde el primer acorde pero que alargaron demasiado hasta despedirse por unos minutos a camerinos.


Aún habría tiempo para dos bises, entre los que encontramos “Buttle La Rose” que arranca con un ritmo vertiginoso de bajo correspondido por aplausos que seguían el ritmo del tema, o “Death Letter Jubilee”, que suavizaba un poco el ritmo sin perder un ápice de energía antes de despedirnos definitivamente con otra espectacular ovación. Cierre grande para una actuación grande.

Fotos y texto: Dani Diez

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